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nostalgia del futuro

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A veces pienso demasiado las cosas. Como este inicio de página que me tomó casi medio café con leche y un cigarrillo. Me gusta, de igual manera, el momento de pensar el principio: el punto de partida. Es igual que pensar el final; es un compromiso estético con una misma y con lo que se escribe. Ahora escribo porque quiero escribir, porque mi cabeza necesita algo de estructura y esa estructura es la palabra. Estos últimos días me sentí un poco extraña, con las energías bajas. La tan mencionada en mi análisis: crisis. Cuando una se siente así es difícil luchar contra la aprobación inmediata que se recibe a través de las redes sociales. El momento de subir una foto de una misma es casi ritual: se esperan los likes, las respuestas, las vistas. Se observa hasta quién no vio, y los dedos se mecanizan al igual que los ojos y la atención. El juicio de valor se devela a partir de la respuesta a la foto de ese otro que me ve. Hoy es particularmente domingo, y ya no soy la que está en...

angustia inicial

Escribo esto porque estoy un poco reflexiva hoy, la verdad no tengo otra justificación. Hoy me tomé un recreo del estudio y salí a caminar un rato. A veces caminar es terapéutico, y la contemplación también estimula la creatividad.  Reniego mucho de Casilda, pero cómo la aprecio. Gracias a ella también escribo ésto. ¿Qué sería de mí si no fuese casildense? Probablemente menos nostálgica, más aguerrida. Pero así somos, no podemos cambiarlo del todo. Gracias por leerme. <3  Las sienes reventadas de noches anchas y estériles trastocadas  por el pulso violento de las cosas. La cabeza duele, el cuerpo duele, el espíritu  se mueve por las aguas en piloto automático se escapa del aparato furtivo de la memoria. Los labios se van borrando por el pasar del vino y del humo  y por lo que no se pudo decir y no se dice Solo sé que el ronroneo del gato se activa acariciando el lomo y que si no me puedo mover igual alcanza y que en la calma está todo lo milagroso y que el cu...

Ducha

El objetivo de esta crónica probablemente haya sido conclusión de muchas otras antes de que ésto llegue a mí; para nada yo podría declararme dueña de éstas palabras. Una multitud histórica tuvo que antecederme para que yo hoy esté entregada a este papel, a estas manos. Mi vocación es un regalo divino, y Dios no es más que aquello en mí: la historia haciéndose carne en el presente. La modestia es también algo heredado de mis antepasadas, tiene sus características favorables cuando se revela a través del criterio estético y no como insoportables inseguridades que regulan la conciencia. Quizá esté exagerando un poco. Hoy tengo más control sobre ella, y ¿mañana? No lo sé. Mañana puede ser también un pasado en el que la angustia acecha. Lo importante sería, naturalmente, ignorarla. Pero, ¿se puede ignorar algo que atraviesa tan visceralmente? El pensamiento no puede de ninguna manera pensarse en tanto línea histórica. Es más bien una especie de bosque profundo, en el que se manifiestan much...

Fe

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                   (Dibujo de una Ana pequeña) Me vuelvo inmortal en esta hora que solo acontece en este espacio  que más que un charco es un espejo. Todo está vivo entonces, la piel, el mar, mi génesis: aunque no el viento que frente a los árboles  se desgarra. Intuyo que amar y dormir son actos de fe: para encontrar el centro hay que cerrar los ojos: ahora sé cómo cerrar los ojos. Soplar el grueso azar del deseo las blancas partículas integrándose con el verde. Y ahora abriría yo las manos  para tocar tu rostro  aunque en el tacto  desaparezcas. Solo sé decirlo así: con estas palabras que no revelan nada pero es que callar es también  un acto de rebeldía. Dibuja con tus manos mi gesto aunque en el tacto yo desaparezca.

Nubes

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Ahí está la cárcel: enemiga de la construcción. el camino presentase  inhóspito; al chirriar desaparece: solo su limitación  permite el vértigo del verbo solo su limitación inaugurase la piel, honda. el suelo  seno materno manchas pequeñas violáceas que al caer  son manchas pequeñas violáceas. no habría  no habría nubes que mirar no habría  si las armas nos arrancaran los ojos. dos Orejas, dos Ojos, dos Manos, dos Pies, una Nariz, y un Alma todo eso. no habría  no habría armas que disparar si los ojos no mirasen las nubes.

22 de octubre de 2025

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¿A dónde estamos perdiendo el tiempo? Dijo el otro día mi amiga Yami. Un camino cubierto de pequeñas blancas flores nos arrasa ahora. Marchamos teniendo fe en no encontrarnos, en nunca encontrar nada que no sea el abismo. Los pies avanzan, retroceden, se detienen ante la tierra que clama algo de sosiego. Se dejan hacer por la espesura interminable de la arboleda. Las sombras de las hojas se unen las unas con las otras y su intersticio parece formar un diagrama de Venn. Los sonidos de las máquinas  nos recuerdan el pesar de nuestra inmutilable humanidad. Pero ese azar, esa suerte natural de sabernos exiguas nos dispone ahora en esta comunión de raíces y formas.

La primavera en el pueblo.

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Llegó la primavera que trae la misma angustia pero decorada con colores brillantes y aromas florales. Mi estación favorita. Y, sin embargo, el mundo sigue siendo tan abyecto. El mundo tan abyecto y, sin embargo, los jazmines siguen floreciendo todos los septiembres. Las calles de la ciudad se sonrojan al llegar la primavera. Y, sin embargo, el mundo sigue siendo tan abyecto.  Tan serena la mirada del caminante que no encuentra nada en lo que ve. La angustia es ver más allá o no ver: por igual el hombre se enfrenta a esa inevitable incompletud. Cuando no encuentra una salida el hombre mira hacia arriba. Las nubes. Los pájaros. Las hojas de los árboles. Los rayos de sol centelleantes. La naturaleza no lo espera y, sin embargo, ahí está.  Nadie está para él. Ni los jazmines, ni la primavera, ni el mundo abyecto. Si algo existe es por su propio mérito.   El hombre mira las sombras de los árboles sobre el cemento. Solo un hombre que ha experimentado la inmanen...