Promotora
Esa noche tiré mi cuerpo en la cama como quien tira una bolsa de papas. Estaba tan borracho que podía sentir la separación de mi espíritu con la de mi masa. La parte inmaterial sostenía al conglomerado de piel, carne, huesos, y lo depositó sobre la gelidez de la cama inmóvil luego de haber sobrevivido a la noche que afuera se vestía de luces despampanantes y devaneo juvenil. Mientras el mundo daba vueltas alrededor de la habitación o, más bien, mientras mi espíritu daba vueltas alrededor de la habitación que era a la vez el mundo, no podía parar de pensar en lo que había sucedido esa noche en el bar. Me presenté a las nueve y cuarto, puntual. Festejábamos por tercera vez la recibida de Facu. No faltaba ninguno, excepto Miranda que estaba de guardia. Cristian, mi amigo más cercano, se sentaba al lado mío y toda la mesa reía a carcajadas con sus ocurrencias, incluyéndome. Era un tipo sencillo, pero licenciado en filosofía, y eso se notaba en cada palabra, aunque no era de ostentar. ...