Día de los enamorados.
El humo entra en los ojos y el ambiente es una nebulosa. Esta noche como tantas otras dispongo de una carta en mi cabeza pero nunca la escribiré. No obedezco más. No debo. Escucho el sonido del viento desde esta trinchera inventada. Soy una niña al fin y al cabo, no puedo abandonar el juego. Y el miedo me ocupa desde el pelo... hasta la punta de los piés. No puedo respirar. No debo. Él ya me lo dijo y Él también... La certeza de su amor me hace dudar de la legitimidad del mío.