Domingo
Los domingos son un martirio y son un milagro. El dibujito me lo robé de Pinterest, y las palabras de alguien que ya las dijo antes. Un cuerpo, uno que se proyecta frente a un espejo. Ante el reflejo: una mujer con panza. Los senos, caídos. La espalda, corva. Los veinte años parecen no ser suficientes y a la vez son demasiados. La piel, lacerada la piel de tanto vicio. Curtidos por el frío los labios, fríos de no besar, de no amar, de no nombrarse. Parece ser que la niña insurrecta, ya no vive en ese cuerpo, ya no jadea de rabia ante el mundo: tan cruento el mundo; tan sereno existe para quienes no esperan. Ella no puede esperar y, sin embargo, espera. Quizá su lugar sea ese vacío que no puede habitar.